jueves, 3 de septiembre de 2015

Obsolescencia Programada

UNIVERSIDAD DEL ROSARIO

LA NATURALEZA, MODELO  VIRTUOSO PARA LA PRODUCCIÒN INDUSTRIAL

El actual desenfreno productivo podría evitarse si las grandes industrias manejaran el curso natural de sus productos.

Con el desarrollo de la revolución industrial (1760-1840) y la inmersión de maquinarias en las fábricas, el desarrollo económico aumentó considerablemente a causa de la producción en masa, nueva estrategia productiva, que consistía en fabricar la mayor cantidad de productos en el menor tiempo posible con el fin de generar mejor rentabilidad a las industrias. Este tipo de producción, le permitió a las empresas poder vender sus productos a un nivel de vida útil de aproximadamente 2000 horas lo que benefició al consumidor y al productor. A causa de la larga duración de vida de los productos, las empresas comenzaron a estancar nuevamente su producción pues no existía en los compradores la necesidad de tener mayores cantidades de estos bienes. Por esta razón, las industrias se vieron en la obligación de rediseñar sus productos reduciendo su vida útil para así incentivar el consumo. Fue solo hasta 1929, año de la gran depresión, que se dio a conocer la ley de la obsolescencia programada la cual establece (ya que sigue vigente hoy en día) fecha de caducidad a todas las mercancías producidas obligando al consumidor a comprar con mayor regularidad. De esta manera se aseguró en las empresas un mejor empleo y una mayor producción.

Con base en lo anterior, podemos determinar el cambio ocurrido en cuanto  al enfoque productivo dominante, ya que antes de terminada la Guerra fría el modelo que prevalecía era el europeo el cual se enfocaba en la producción que brindara satisfacción al consumidor. Pero culminada esta guerra, el nuevo enfoque productivo dominante fue el  americano, el cual  se ha centrado en mantener a un consumidor insatisfecho que a cada rato desee innovar sus productos.

Teniendo esto en mente, el propósito de este escrito es mostrar ejemplos concretos que han influenciado en la insatisfacción del consumidor debido a la producción en masa que aun gobierna nuestros tiempos, y enseñar el mejor modelo para mantener una vida y economía sostenible.

Como primer ejemplo encontramos a la bombilla. Su creación se remonta hacia el año 1895 en Shelby, Ohio donde su duración (vida útil) estimada era de 109 años pero a causa de la ley de obsolescencia ella nunca salió a la venta. Posterior a ella, se produjeron bombillas similares solo que con una vida útil de 2000 horas, estas inmediatamente comenzaron a abarcar todo el mercado hasta 1924, año en que un grupo de empresarios conforman el “cartel de phebus” en donde toman la decisión de repartirse la producción de bombillas por lo que reducen la vida útil a 1500 y toman el control de las principales productoras de cada país.

Al igual que las actuales bombillas, los dispositivos de las impresoras están programados para durar poco y así obligar al cliente a pagar por una reparación que cuesta el doble de la maquina o a comprarse una impresora nueva.  En algunos casos,  el problema de funcionamiento radica en el agarre del papel o en el manejo de tinta, el cual después de un tiempo no mayor a 1 año se tapona por la esponja de la tinta. Este problema que tiene reparación en el ajuste de la esponja y de la estructura que sostiene el papel lo aprovechan los vendedores para obligar al consumidor a comprar un nuevo producto.

Otro ejemplo de la obsolescencia presente en nuestra vida cotidiana es el de las medias de Nylon. Du Point gran productora textil, que captaba gran cantidad de mujeres, trabajaba con fibras de nylon gruesas y fabricaba con ellas medias resistentes y duraderas. Debido a la ley de obsolescencia y a la multa que se enfrentaba si vendía productos con mayor vida útil redujo su calidad limitándose a vender medias finas con fibras débiles de nylon.

Las grandes productoras de carros Ford y  General Motors no han estado absueltas de esta ley. El avance productivo de Ford se centró primeramente en la evolución de los motores de los carros sin afectar su modelo. A causa de este avance, su competencia no se quedó atrás, pues a diferencia de Ford, mantuvo el mismo motor de su rival pero se centró en el cambio de diseños de los autos. Entre estos dos cambios, este último resultó siendo  el preferido por los compradores por lo que Ford de la misma manera tuvo que innovar sus diseños si quería mantenerse en el mercado. Los nuevos modelos consiguieron que las personas se sintieran atraídas por ellos cambiando de carro cada 3 años.
Este estilo de producción utilizado por estas dos compañías impulsó al resto de las empresas a usarlo, pues no consistía en obligar al consumidor a comprar productos según su vida útil sino que los seducía hasta llevarlos a comprar.

Dentro del mundo de la tecnología encontramos que Apple tampoco deja de estar limitada por la ley de obsolescencia, por esta razón encontramos que cada 5 o 7 años las baterías o aparatos telefónicos comienzan a fallar pues están diseñados para dejar de funcionar en un determinado lapso de tiempo. A pesar de ello, los consumidores tienen la ventaja de tener accesibilidad a aparatos telefónicos modernos y atractivos que terminan superando el nivel de satisfacción del anterior móvil.

Como podemos observar, en especial en los últimos dos casos, las personas al igual que los productos cambian en cuanto a sus preferencias de consumo, por esta razón varían de productos cada vez más rápido. Ahora bien, detengámonos a pensar que ocurre con todos  aquellos bienes que las personas de países desarrollados dejan de consumir. Pues bien, estos bienes de “segunda mano”(se les denomina así por lo que ya han sido usados), van a parar a las costas del sur de África en donde  solo el 20% de ellos son arreglados, vendidos y  reutilizados por sus habitantes. En vez de desechar sin reparar, el mejor modelo es aquel donde los productos consumidos son reutilizables no solo porque vuelven a brindar la misma satisfacción al consumidor sino porque también mejoran la calidad de vida de las personas, es decir, que mejoran la condición ambiental y brindan una economía sostenible.

En resumen, es necesario regular la ley de obsolescencia programada para poder desarrollar una economía estable que no vulnere el medio ambiente. Por esta razón y para evitar desperdicios innecesarios, las grandes industrias deberían manejar el curso de los recursos naturales donde los recursos viejos se vuelven nutrientes para la producción de nuevos. En nuestro contexto, si  se reducen en un punto equilibrado la producción y la contaminación ambiental, reutilizando productos viejos, se puede dedicar a producir nuevas maneras de riqueza.