UNIVERSIDAD DEL ROSARIO
LA
NATURALEZA, MODELO VIRTUOSO PARA LA
PRODUCCIÒN INDUSTRIAL
El
actual desenfreno productivo podría evitarse si las grandes industrias
manejaran el curso natural de sus productos.
Con el desarrollo de la revolución
industrial (1760-1840) y la inmersión de maquinarias en las fábricas, el
desarrollo económico aumentó considerablemente a causa de la producción en
masa, nueva estrategia productiva, que consistía en fabricar la mayor cantidad
de productos en el menor tiempo posible con el fin de generar mejor rentabilidad
a las industrias. Este tipo de producción, le permitió a las empresas poder vender
sus productos a un nivel de vida útil de aproximadamente 2000 horas lo que benefició
al consumidor y al productor. A causa de la larga duración de vida de los
productos, las empresas comenzaron a estancar nuevamente su producción pues no existía
en los compradores la necesidad de tener mayores cantidades de estos bienes.
Por esta razón, las industrias se vieron en la obligación de rediseñar sus
productos reduciendo su vida útil para así incentivar el consumo. Fue solo hasta
1929, año de la gran depresión, que se dio a conocer la ley de la obsolescencia
programada la cual establece (ya que sigue vigente hoy en día) fecha de
caducidad a todas las mercancías producidas obligando al consumidor a comprar con
mayor regularidad. De esta manera se aseguró en las empresas un mejor empleo y una
mayor producción.
Con base en lo anterior,
podemos determinar el cambio ocurrido en cuanto al enfoque productivo dominante, ya que antes
de terminada la Guerra fría el modelo que prevalecía era el europeo el cual se
enfocaba en la producción que brindara satisfacción al consumidor. Pero culminada
esta guerra, el nuevo enfoque productivo dominante fue el americano, el cual se ha centrado en mantener a un consumidor insatisfecho
que a cada rato desee innovar sus productos.
Teniendo esto en mente, el propósito
de este escrito es mostrar ejemplos concretos que han influenciado en la insatisfacción
del consumidor debido a la producción en masa que aun gobierna nuestros
tiempos, y enseñar el mejor modelo para mantener una vida y economía sostenible.
Como primer ejemplo
encontramos a la bombilla. Su creación se remonta hacia el año 1895 en Shelby,
Ohio donde su duración (vida útil) estimada era de 109 años pero a causa de la
ley de obsolescencia ella nunca salió a la venta. Posterior a ella, se produjeron
bombillas similares solo que con una vida útil de 2000 horas, estas
inmediatamente comenzaron a abarcar todo el mercado hasta 1924, año en que un
grupo de empresarios conforman el “cartel de phebus” en donde toman la decisión
de repartirse la producción de bombillas por lo que reducen la vida útil a 1500
y toman el control de las principales productoras de cada país.
Al igual que las actuales
bombillas, los dispositivos de las impresoras están programados para durar poco
y así obligar al cliente a pagar por una reparación que cuesta el doble de la
maquina o a comprarse una impresora nueva.
En algunos casos, el problema de
funcionamiento radica en el agarre del papel o en el manejo de tinta, el cual después
de un tiempo no mayor a 1 año se tapona por la esponja de la tinta. Este
problema que tiene reparación en el ajuste de la esponja y de la estructura que
sostiene el papel lo aprovechan los vendedores para obligar al consumidor a
comprar un nuevo producto.
Otro ejemplo de la
obsolescencia presente en nuestra vida cotidiana es el de las medias de Nylon.
Du Point gran productora textil, que captaba gran cantidad de mujeres, trabajaba
con fibras de nylon gruesas y fabricaba con ellas medias resistentes y duraderas.
Debido a la ley de obsolescencia y a la multa que se enfrentaba si vendía
productos con mayor vida útil redujo su calidad limitándose a vender medias
finas con fibras débiles de nylon.
Las grandes productoras de carros Ford y General Motors no han estado absueltas de
esta ley. El avance productivo de Ford se centró primeramente en la evolución de
los motores de los carros sin afectar su modelo. A causa de este avance, su
competencia no se quedó atrás, pues a diferencia de Ford, mantuvo el mismo
motor de su rival pero se centró en el cambio de diseños de los autos. Entre
estos dos cambios, este último resultó siendo el preferido por los compradores por lo que
Ford de la misma manera tuvo que innovar sus diseños si quería mantenerse en el
mercado. Los nuevos modelos consiguieron que las personas se sintieran atraídas
por ellos cambiando de carro cada 3 años.
Este estilo de producción utilizado por estas
dos compañías impulsó al resto de las empresas a usarlo, pues no consistía en
obligar al consumidor a comprar productos según su vida útil sino que los seducía
hasta llevarlos a comprar.
Dentro del mundo de la tecnología encontramos
que Apple tampoco deja de estar limitada por la ley de obsolescencia, por esta razón
encontramos que cada 5 o 7 años las baterías o aparatos telefónicos comienzan a
fallar pues están diseñados para dejar de funcionar en un determinado lapso de
tiempo. A pesar de ello, los consumidores tienen la ventaja de tener
accesibilidad a aparatos telefónicos modernos y atractivos que terminan
superando el nivel de satisfacción del anterior móvil.
Como podemos observar, en especial en los últimos
dos casos, las personas al igual que los productos cambian en cuanto a sus
preferencias de consumo, por esta razón varían de productos cada vez más rápido.
Ahora bien, detengámonos a pensar que ocurre con todos aquellos bienes que las personas de países desarrollados
dejan de consumir. Pues bien, estos bienes de “segunda mano”(se les denomina así
por lo que ya han sido usados), van a parar a las costas del sur de África en
donde solo el 20% de ellos son
arreglados, vendidos y reutilizados por
sus habitantes. En vez de desechar sin reparar, el mejor modelo es aquel donde
los productos consumidos son reutilizables no solo porque vuelven a brindar la
misma satisfacción al consumidor sino porque también mejoran la calidad de vida
de las personas, es decir, que mejoran la condición ambiental y brindan una economía
sostenible.
En resumen, es necesario regular la ley de
obsolescencia programada para poder desarrollar una economía estable que no
vulnere el medio ambiente. Por esta razón y para evitar desperdicios innecesarios,
las grandes industrias deberían manejar el curso de los recursos naturales
donde los recursos viejos se vuelven nutrientes para la producción de nuevos.
En nuestro contexto, si se reducen en un
punto equilibrado la producción y la contaminación ambiental, reutilizando
productos viejos, se puede dedicar a producir nuevas maneras de riqueza.
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